1.3.19

Último día en Ezeiza y estoy bastante segura de que no sentí nada. Bueno, sentir sentí muchas cosas, pero no sentí tristeza. Acaso es tan malo todo lo que viví ahí adentro? Porque se siente un dejo de resentimiento. No muy notorio pero está. La tristeza quizá también esté ahí y no se vea. Fueron siete años de lleno en la vida, mucha vida, siete de los años más vividos para bien, para mal un poco pero primordialmente para el bien. Fue una relación un tanto tóxica, siempre en el mismo lugar, pasaron las personas, algunas con marcas en mi vida más que en otras. No es necesario que toda la gente que crece con una se quede por siempre, hay relaciones que duran unos años y no deberían luego continuar; y así está bien, se acepta y nadie sufre. Si todos fuéramos para toda la vida no habría lugar para sentarte en mi cumpleaños. Fueron lindas relaciones, fueron muchas discusiones, otras tan superficiales, otras graciosas o incómodas; algunas decepciones, algunos boy o girl crush pasajeros, activos, inactivos, amigos -los menos, muy pocos- que sigue o no, que aún valoro o esos a los que extraño, a los que no les importa, los que se van a olvidar de mi, los que van a extrañarme en el día a día, los que no me hablaban pero ahora les gustaría. Están también los que te lastimaron, te traicionaron. Los que te usaron, te decepcionaron, los que leíste mal y al final eran malos. Con los que no funcionó pero ni tus altos niveles de amor propio evitan que seas feliz por su presente que pinta lindo, pinta especial. Y lo ves y te pone bien porque es hacia donde vas. Tenes algo especial y vas a tener que cuidarlo porque te hace bien. Entonces para qué tanto, porque fueron siete años de un montón de vida bien vivida, al menos muy crecida y te llevó, estos siete años te llevaron a lo que sos hoy y, qué cosa che, parecía que no iba a llegar, pues no siempre todo está por venir aunque a veces eso parezca. Debe ser por eso que hablan tanto de vivir el presente, en el ahora, en lo planear tanto ni enloquecerse a metas. Pero a mi me ayudan las metas, me dan ganas y energía para proyectar y confiar en que puedo hacerlo. Es mi propia filosofía de autoayuda, porque me funciona y cada uno va a donde le funciona, donde le hace bien- y donde la vida duele menos.