11.5.14

Uno y dos y tres pueblos originarios

Voy a contar hasta diez. En indiecitos. En pueblos originarios. Para cuándo termine la angustia debería ser la misma. La misma sino un poquito más también. Pero voy a ser diez indiecitos más sabía. Voy a ser más consciente tal vez; y es que no importan los números, las personas ni los pueblos hasta que no consiga importar yo.

Si no hay Cotu que no haya nada entonces. Me hierven las orejas cuando escribo. Tengo la cara en llamas y el cráneo por partir. 

Es tan otoño, y quiero vivirlo entre bufandas y colores opacos. Quiero volver a jugar a ver quien pisa la hija más crujiente. Quiero caballito. Quiero a mi mamá. Pero es mezquino el otoño este dos mil catorce. Y las hojas se humedecen por la lluvia, por la gente que dice no saber amar.

El sol no agarra contando indiecitos. Nos agarra encerrados y sin amar.

AU 25 de mayo



Atravieso la ciudad y mientras me alejo


 se empapan mis palabras,

Que se achican y amontonan

Al costado de la autopista 


Las personas están grises. Grises y chiquitas. Amontonadas, acurrucadas. como palabras abandonadas


Yo no lloro si me mojo. 


Llevo el alma encendida


Y tu nombre desbordando entre las manos.

Dosto

Dostoievski se fue otra vez



Revivir entre los muertos

Habremos echado tal vez demasiada tierra

Faltara fuerza entre los zombies


Por que no maúllas todavía?

Donde estas que te perdiste 


Te enojo nuestro descuido

La noche fría que pasaste

Entre polvo y soledad 


Esperanos en el cielo

Nuestro cielo ya amueblado

Una Baticueva entre las nubes

Donde volveremos a ser cuatro


Eventualmente llegaremos

Más duros o más blandos


Ojalá llegue yo tan suave

Tan graciosa y tan molesta


No hubo tiempo de retarte


Y es que es todo muy injusto

No es sólo tu vida

Ni las nubes que me ciegan todo el día 


no le temo yo a los muertos

lo que paraliza es la ausencia

lo amarillo en tu mirada 

que no estará cuando amanezca.