Uno y dos y tres pueblos originarios
Voy a contar hasta diez. En indiecitos. En pueblos originarios. Para cuándo termine la angustia debería ser la misma. La misma sino un poquito más también. Pero voy a ser diez indiecitos más sabía. Voy a ser más consciente tal vez; y es que no importan los números, las personas ni los pueblos hasta que no consiga importar yo.
Si no hay Cotu que no haya nada entonces. Me hierven las orejas cuando escribo. Tengo la cara en llamas y el cráneo por partir.
Es tan otoño, y quiero vivirlo entre bufandas y colores opacos. Quiero volver a jugar a ver quien pisa la hija más crujiente. Quiero caballito. Quiero a mi mamá. Pero es mezquino el otoño este dos mil catorce. Y las hojas se humedecen por la lluvia, por la gente que dice no saber amar.
El sol no agarra contando indiecitos. Nos agarra encerrados y sin amar.
AU 25 de mayo
Atravieso la ciudad y mientras me alejo
se empapan mis palabras,
Que se achican y amontonan
Al costado de la autopista
Las personas están grises. Grises y chiquitas. Amontonadas, acurrucadas. como palabras abandonadas
Yo no lloro si me mojo.
Llevo el alma encendida
Y tu nombre desbordando entre las manos.
Dosto
Dostoievski se fue otra vez
Revivir entre los muertos
Habremos echado tal vez demasiada tierra
Faltara fuerza entre los zombies
Por que no maúllas todavía?
Donde estas que te perdiste
Te enojo nuestro descuido
La noche fría que pasaste
Entre polvo y soledad
Esperanos en el cielo
Nuestro cielo ya amueblado
Una Baticueva entre las nubes
Donde volveremos a ser cuatro
Eventualmente llegaremos
Más duros o más blandos
Ojalá llegue yo tan suave
Tan graciosa y tan molesta
No hubo tiempo de retarte
Y es que es todo muy injusto
No es sólo tu vida
Ni las nubes que me ciegan todo el día
no le temo yo a los muertos
lo que paraliza es la ausencia
lo amarillo en tu mirada
que no estará cuando amanezca.